QUE EL OTRO CAMBIE ME HARÁ FELIZ
Es común el engaño inconsciente de pretender que cuando el otro o la otra cambie yo seré feliz; cuando observo a las madres quejándose de sus hijos, a los hijos de sus padres, a las parejas de sus compañeros de vida, a los empleados de sus jefes, etc. etc. les pregunto: que quieres de el o ella? y la respuesta repetida es: ¡QUE CAMBIE! y secundario a esto una laaarga lista de argumentos de lo bien que les vendría que el otro colmara sus expectativas. (cosa que por cierto muy pocas veces sucede). Entonces se desprende una interminable cadena de quejas, lloriqueos, culpabilidad y sufrimiento, al parecer porque el "otro" no me entiende, no me complace, no me obedece o no es lo que yo pretendo.
Así transcurre en la mente de cada uno, días, semanas, años e inclusive la vida con la esperanza de que algún día suceda el milagro. Mi querido lector, esto es un autoengaño...

ja ja ja, bueno no precisamente un horno en llamas, pero si mucho dolor, frustración y sufrimiento.
Antes que nada debes saber que tu felicidad es tarea tuya, es tu 100% de responsabilidad, nadie puede hacerte feliz ni hacerte infeliz. Son tu percepción de la realidad y tus creencias las que te mantienen en la interminable espera. Se que puede sonar algo extraño, cuando te han enseñado por años que las relaciones son cosa de dos, que hay que aportar 50-50, que hay que sacrificarse por amor y que si el otro te quiere tiene la obligación de complacerte.
Así pues se enseña al niño a adaptarse a una sociedad enferma donde para ser amado por los padres debe cumplir unos requisitos, debe igualarse a todos en notas y contenidos, y cuando es adolescente, los mismos padres que les condicionaron el afecto se quejan de sus "malas" compañías donde por fin sienten que pueden ser ellos mismos o en el peor de los casos donde repiten el patrón de hacer lo que sea para ser aceptado en el grupo.
Ni hablar de las parejas que piensan que su compañero(a) tiene la obligación de hacerlas felices y le imponen esa pesada carga, la cual es llevadera en los comienzos pero al transcurrir el tiempo agota, desgasta y acaba la motivación.
De la misma manera sucede con amigos, empleados, familia, jefe, expareja, siempre que esperas... sufres!
Entonces, si el otro no cambia ¿que hay que hacer para tener relaciones mas armónicas?
Fácil!
Empieza por cambiar tú. Obsérvate, mira de qué forma estas creando el problema, qué miedo escondes detrás de tus exigencias, de qué careces que lo ves reflejado en los demás, porqué tu necesidad de controlar?...seguramente muchas de tus respuestas convergerán en un común denominador: el miedo a no sentirte amado(a) y a no ser suficiente. Si esto es lo que encuentras, entonces hay razón al decir que los de afuera no tienen un problema, lo tienes tu.
Así transcurre en la mente de cada uno, días, semanas, años e inclusive la vida con la esperanza de que algún día suceda el milagro. Mi querido lector, esto es un autoengaño...

ja ja ja, bueno no precisamente un horno en llamas, pero si mucho dolor, frustración y sufrimiento.
Antes que nada debes saber que tu felicidad es tarea tuya, es tu 100% de responsabilidad, nadie puede hacerte feliz ni hacerte infeliz. Son tu percepción de la realidad y tus creencias las que te mantienen en la interminable espera. Se que puede sonar algo extraño, cuando te han enseñado por años que las relaciones son cosa de dos, que hay que aportar 50-50, que hay que sacrificarse por amor y que si el otro te quiere tiene la obligación de complacerte.
Así pues se enseña al niño a adaptarse a una sociedad enferma donde para ser amado por los padres debe cumplir unos requisitos, debe igualarse a todos en notas y contenidos, y cuando es adolescente, los mismos padres que les condicionaron el afecto se quejan de sus "malas" compañías donde por fin sienten que pueden ser ellos mismos o en el peor de los casos donde repiten el patrón de hacer lo que sea para ser aceptado en el grupo.
Ni hablar de las parejas que piensan que su compañero(a) tiene la obligación de hacerlas felices y le imponen esa pesada carga, la cual es llevadera en los comienzos pero al transcurrir el tiempo agota, desgasta y acaba la motivación.
De la misma manera sucede con amigos, empleados, familia, jefe, expareja, siempre que esperas... sufres!
Entonces, si el otro no cambia ¿que hay que hacer para tener relaciones mas armónicas?
Fácil!
Empieza por cambiar tú. Obsérvate, mira de qué forma estas creando el problema, qué miedo escondes detrás de tus exigencias, de qué careces que lo ves reflejado en los demás, porqué tu necesidad de controlar?...seguramente muchas de tus respuestas convergerán en un común denominador: el miedo a no sentirte amado(a) y a no ser suficiente. Si esto es lo que encuentras, entonces hay razón al decir que los de afuera no tienen un problema, lo tienes tu.
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